Cuidar el final del viaje: una reflexión sobre vida, sufrimiento y acompañamiento

En este texto, el Dr. Julio Gómez, médico de cuidados paliativos, propone una mirada profunda sobre el final de la vida como parte de un proceso vital más amplio. A través de una reflexión sobre el sufrimiento, la esperanza y el acompañamiento, invita a repensar cómo vivimos y cómo afrontamos los momentos más difíciles del camino

Dr. Julio Gomez

Hablar del final de la vida no es hablar solo de la muerte, sino de cómo hemos vivido hasta llegar a ella. Esta es la idea central que plantea el doctor Julio Gómez, quien invita a entender ese momento como la última etapa de un viaje que empieza mucho antes.


Desde esta mirada, la vida es un recorrido que podemos transitar de distintas maneras. Gómez propone una distinción tan sencilla como reveladora: no es lo mismo vivir como turista que como viajero. Mientras el primero busca controlarlo todo, el segundo se abre a lo inesperado, acepta la incertidumbre y se deja transformar por lo que encuentra en el camino. Porque, como él mismo resume, “no es lo mismo ir por la vida de viajero que ir por la vida de turista”.
 

Esa diferencia se vuelve especialmente relevante cuando aparece el sufrimiento. Lejos de ser una excepción, el dolor forma parte del propio viaje. Suele irrumpir como caos: un momento en el que todo pierde sentido y surgen preguntas sin respuesta. En ese punto, la experiencia se llena de desconcierto, porque, tal y como describe Gómez, “el caos tiene mucho de misterio”.


La reacción habitual es resistirse o intentar escapar, pero la propuesta es otra: atravesar ese caos, entrar en esa “cueva” interior donde aparecen el miedo, la fragilidad y la vulnerabilidad. Porque evitar el sufrimiento no es posible; forma parte de la condición humana. “No podemos vivir sin sufrir”, recuerda, señalando que el reto no está en eliminar el dolor, sino en cómo lo transitamos.


Este proceso no debería hacerse en solitario. Aquí el acompañamiento se vuelve esencial, aunque no en el sentido de dar soluciones, sino en el de saber estar. Estar de verdad: con presencia, escucha y respeto. De hecho, Gómez lo expresa de forma clara: “la tarea en el caos es la presencia”.
En ese acompañamiento, la esperanza juega un papel clave. No como expectativa de que todo cambie, sino como una forma de sostener el sufrimiento. Porque, aunque no desaparezca, puede hacerse más llevadero. “La esperanza hace sufrible el sufrimiento”, explica, vinculándola directamente con el sentirse acogido y acompañado.


A medida que se avanza en este proceso, la mirada empieza a cambiar. La persona deja de verse únicamente desde el dolor y comienza a reconocerse en su totalidad. Descubre que lo que le ocurre no define completamente quién es. De ahí una de las ideas más potentes de su reflexión: “soy más que mi sufrimiento”.


Este cambio abre la puerta a la aceptación. No como resignación, sino como una nueva manera de situarse ante la realidad. Una aceptación que permite recuperar la dignidad y empezar a integrar lo vivido dentro de la propia historia.


El siguiente paso es la trascendencia. Incluso cuando no podemos cambiar lo que nos sucede, sí podemos transformar la manera en que lo vivimos. Este proceso implica una reordenación profunda de prioridades, donde lo importante deja de ser el control o la productividad y pasa a centrarse en el vínculo, el amor y el sentido.


En este punto, el final del viaje deja de ser solo una pérdida y se convierte también en una oportunidad de cierre. Un momento para revisar la vida, reconciliarse y expresar lo que quizá quedó pendiente. Porque, como advierte Gómez, es importante no dejarlo para el último momento, por lo que debemos preparar el final del viaje, que implica aligerar la carga emocional.


Preparar ese final implica vivir con mayor consciencia desde ahora: pedir perdón, saber perdonar, dar las gracias, decir “te quiero”. Gestos sencillos que adquieren un valor profundo cuando se hacen a tiempo.


Y es que, en última instancia, todos estamos en ese camino. “Todos los que estamos aquí estamos viajando”, recuerda. Y el final, inevitablemente, forma parte de ese recorrido.


Cuidarlo no es solo una cuestión del último momento, sino una forma de aprender a vivir mejor.

Dr. Julio Gómez, Médico de Cuidados Paliativos en el Hospital San Juan de Dios de Santurce. Director del Equipo de Atención Psicosocial. Presidente del Comité de Ética San Juan de Dios País Vasco.
Consejero de Fundación Mémora