Rafael Matesanz, Fundador y ex director de la Organización Nacional de Trasplantes y Patrono de la Fundación Mémora, nos habla del éxito de la donación de órganos en España, país que ocupamos el primer puesto del mundo en donaciones de órganos.
Desde 1992, solo tres años después de la creación de la ORGANIZACIÓN NACIONAL DE TRASPLANTES (ONT), España ocupa el primer puesto del mundo en donaciones de órganos, con unas cifras que se han triplicado respecto a los años ochenta y que son mas del doble que las de la Unión Europea. Gracias a ello un paciente que resida en nuestro país y necesite un trasplante es el ciudadano del mundo con más posibilidades de conseguirlo dentro de un sistema público y universal y sin que tenga que empeñarse de por vida como si ocurre en muchos países, algunos bastante más ricos que nosotros.
Este “milagro español” como se le conoció en los noventa, sobre todo por el contraste con la situación de que partíamos pocos años antes, asienta en tres pilares. Por una parte, la generosidad de la población cuando las cosas se piden de forma razonable, y que ha asumido el mensaje de que todo el mundo debe donar porque todos lo podemos necesitar. Por otro lado, nada sería posible sin nuestro sistema nacional de salud ya que es muy difícil convencer a nadie de que done sus órganos o los de sus familiares si no se le garantiza que va a recibir un trasplante cuando así lo requiera. Sin embargo, estas dos condiciones son comunes a bastantes países europeos y algunos de otras latitudes que no alcanzan ni de lejos las cifras españolas.
La tercera pata del trípode y lo diferencial realmente de nuestro país es un sistema organizativo a tres niveles: estatal, autonómico y hospitalario, dirigido y coordinado por la ONT y perfectamente asentado sobre la base de los coordinadores hospitalarios de trasplantes, en su mayoría médicos intensivistas con su correspondiente equipo de enfermería, perfectamente entrenados para detectar cualquier posible donante, hablar con la familia y en suma realizar todos los pasos necesarios para que se produzca la donación. Este “Spanish Model” como se le conoce internacionalmente, se puede resumir en colocar la persona adecuada en el sitio adecuado y en el momento adecuado. La ONT a través de su estructura estatal y autonómica se encarga de formarles, generar protocolos, evaluar su actividad y marcar las directrices de todo el sistema de trasplantes mediante el consenso entre ministerio y comunidades que en este caso y a diferencia de muchos otros aspectos de nuestra sanidad marchan al unísono, perfectamente coordinados y sin barreras autonómicas o de otro tipo.
Este modelo, un sistema de gestión tremendamente eficaz, ha permitido gracias a esos profesionales tan especializados y a todo el entorno colaborador en esta tarea, que mientras cuando en una encuesta general se pregunta a la población si donaría sus órganos digan que si un 55-60%, más o menos la media europea, cuando llega la hora de la verdad y el coordinador solicita los órganos a la familia de una persona fallecida, entre un 85% para el donante en muerte encefálica y hasta el 95% en los de corazón parado dicen que sí.
La importancia de manejar perfectamente este momento se enfatiza por el hecho de que el porcentaje de donaciones en inmigrantes es similar a su peso entre la población española pese a que muchos proceden de países en donde el trasplante prácticamente no existe.
Pero aún queda trecho por recorrer, la demanda es siempre superior a la oferta, y aquí es donde la labor de todos los profesionales sanitarios creando un clima favorable a la donación de órganos e insistiendo a la población con la que están en contacto y que confía en ellos es fundamental para seguir avanzando. La concienciación es una labor de todos, hay vida después de la muerte y depende de nosotros que finalmente se materialice.
