El arte como camino para expresar lo que no tiene palabras

En momentos de cambio y pérdida, hay emociones que resultan difíciles de explicar y el lenguaje se queda corto. Es en ese espacio donde el arte adquiere un papel clave como canal de expresión y como herramienta para comprender lo que sentimos.

Arteterapia

Por ello, desde la Fundación Mémora se impulsan estrategias terapéuticas complementarias, no farmacológicas, que permiten dar salida al dolor, al miedo o a las inquietudes que pueden surgir en procesos vitales complejos. Entre estas iniciativas, la arteterapia se consolida como una herramienta especialmente valiosa para mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes como de sus familiares.


Desde el año 2012, Fundación Mémora apoya el Programa de Arteterapia como tratamiento complementario en pacientes ingresados en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. Las sesiones, que se desarrollan de forma individual o grupal, están coordinadas por Nadia Collette, Arteterapeuta asistencial, investigadora y docente, Hospital Santa Creu i Sant Pau (Unidad de Cuidados Paliativos e Institut de Recerca), y cuentan con el acompañamiento del equipo interdisciplinar, garantizando así una atención integral.


Gracias a este programa, más de 490 pacientes y cerca de 600 familiares han utilizado el arte como vía para expresar sus emociones y aliviar su dolor en el proceso de final de vida, a través de cerca de 4.000 sesiones de arteterapia.


La arteterapia utiliza la creación artística para favorecer el bienestar emocional y facilitar la exploración de experiencias internas en un entorno seguro y acompañado. Tal como nos comparte la arteterapeuta, “el arte nos permite acceder a partes de nosotros mismos que a veces permanecen ocultas”, convirtiendo el proceso creativo en una vía de autoconocimiento.


El proyecto se plantea como un espacio donde el arte actúa como hilo conductor, invitando a las personas a explorar y expresar sus emociones sin la presión de un resultado estético.


En esta línea, subraya que “no buscamos crear obras perfectas, sino generar un espacio en el que cada persona pueda expresarse libremente”. Este enfoque pone el acento en el proceso creativo como una herramienta para comprender, transformar y dar sentido a la experiencia emocional.


Por ello, la arteterapia facilita la expresión de sentimientos complejos, contribuye a la regulación emocional y favorece una mayor conexión con uno mismo. Su capacidad para canalizar emociones como la tristeza, la incertidumbre o el miedo resulta especialmente relevante en contextos de especial vulnerabilidad, como los procesos de final de vida.


“Muchas veces no sabemos cómo explicar lo que nos pasa, pero sí podemos representarlo”, explica la arteterapeuta. A través del dibujo, la pintura o la creación simbólica, el arte permite dar forma a las emociones y avanzar en su integración.


De este modo, el proyecto integra cuidado emocional y creatividad en un mismo espacio, ofreciendo a los pacientes y a sus familias una vía complementaria de acompañamiento. Un entorno en el que cada persona puede encontrar su propia forma de expresión y de relación con lo que está viviendo.
En definitiva, la arteterapia no persigue la creación artística como fin, sino como medio. Un medio que facilita la comunicación promueve el bienestar y contribuye a humanizar el acompañamiento en etapas especialmente delicadas.


Como afirma Nadia, “crear es, en sí mismo, un acto de cuidado”. Y en ese gesto sencillo, el de dar forma a una emoción, puede comenzar también un proceso de alivio y transformación.