Karla Islas comparte su experiencia en primera persona de la enfermedad y la muerte de su marido, Carles. Nos recuerda el impacto que generan las palabras de los profesionales de la salud para comunicar un diagnóstico de este tipo y nos habla de la angustia y el pánico de pensar en cómo decir a sus hijas, unas niñas de 5 años, que su padre ha muerto.
“Pues va a ser un tumor”. Así le dijeron a Karla que su marido, Carles Olivé, de 45 años, sufría cáncer. Hacía unos días que le dolía la cabeza y finalmente decidieron ir a urgencias del Hospital de Sant Pau. Después de una exploración neurológica y un TAC, el médico le dijo la fatídica frase que cambió su vida y que la perseguiría durante mucho de tiempo: “Pues va a ser un tumor”. Karla recuerda perfectamente el día y la hora que recibió aquel diagnóstico y ella incrédula solo podía repetirse: “No puede ser, tenemos dos niñas pequeñas”. Qué es de importante saber comunicar malas noticias, el impacto para la persona y su familia es brutal y queda para siempre. Y todavía quedaba la parte más difícil: comunicarlo a las hijas.
Fiona y Tura tenían solo 5 años en aquel momento, ahora ya tienen 11. “El papa tiene que estar en el hospital y tienen que operarlo”. Toda la información fue gradual y fueron respondiendo las preguntas que ellas hacían y adaptadas en su edad. Dieron la información a medida que ellas la pedían. “¿Qué le pasa al papa?, ¿es grave tener cáncer?”.
Angustia y pánico: comunicar a las niñas que el papa ha muerto
El cáncer evolucionó muy rápido y cuando Carles se encontraba en Cuidados Paliativos, su mujer estaba muy angustiada y tenía pánico del momento de decir a las niñas: el papa ha muerto. ¿Cómo darles esta noticia? La psicóloga le dijo que no importaba cómo se lo dijera, sería duro, pero sobre todo que lo hiciera con todo el amor que pudiera. Entre el miedo y la angustia, fueron las mismas niñas las que le dieron la respuesta y le dijeron la manera.
“Mama, cuando se muera el papa, nos lo dices calmada, nos abrazas y después ya lloramos las tres juntas”. “Sus palabras me dieron mucha paz, la clave de todo me la dieron ellas. Y el día que murió Carles, así lo hice”, recuerda Karla.
Durante toda la enfermedad Carles fue muy consciente que estaba en un proceso final de vida y lo afrontó con una serenidad y entereza extraordinaria. Cerró capítulos pendientes, como por ejemplo conversas con su padre e incluso un último viaje en su pueblo de niñez.
Gracias a la arteterapia, un proyecto que la Fundación Mémora impulsa desde hace más de 10 años a la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de Sant Pau, Carles pudo expresar sus emociones, especialmente pintó con su padre y con sus hijas. “La única cosa que me preocupa es el impacto que dejará mi muerte a ti y mis hijas. Por otro lado, estoy tranquilo porque sé que las tres saldréis adelante pero la huella de mi ausencia estará”, le hacía saber constantemente Carles a Karla.
Pacificar el final de vida y morir en paz
Carles Olivé murió el 20 de julio del 2019, doce meses después de haber sido diagnosticado de un tumor cerebral. Karla recuerda el día y la hora y afirma que fue un momento muy bonito, marchó acompañado de su mujer y sus dos mejores amigos mientras sonaba Claro de Luna de Debussy. Ella pudo despedirse y decirle: “Vete tranquilo, estaremos bien”. Fue una muerte en paz.
Ahora, unos años más tarde, Karla Islas ha participado en la elaboración de la guía "Pacificar el final de la vida" presentada por Fundación Mémora en colaboración con la Cátedra Ethos de la Universitat Ramoll Lull.
